“El NOSOTROS, NOSOTROS, NOSOTROS y el YO, YO, YO”

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Texto introductorio para el grupo de trabajo “Coreografías de la multitud” por Gabriel Smeets.

Gabriel Smeets es el impulsor y moderador de este grupo de trabajo. Es director artístico de la School for New Dance Development (SNDO) de Ámsterdam.

Quisiera explorar en este contexto ideas sobre lo individual y lo colectivo, sobre el individuo y la masa, centrándome en los conceptos de coreografía individual (solo) y de coreografía colectiva.

Durante los pasados meses de enero y febrero, Deborah Hay desarrolló para y con 34 estudiantes de la SNDO una coreografía colectiva que lleva por título Breaking the Chord. Justo después del estreno de la pieza, un colega, el dramaturgo Felix Ritter, se acercó y me dijo: “Sabes, lo que ella ha hecho es exactamente a lo que se refería Peter Brook cuando escribió sobre el Nosotros y el Yo”.

Brook escribe: “En los 60 y 70 siempre estábamos juntos, lo hacíamos todo juntos, lo compartíamos todo y decíamos: nosotros, nosotros, nosotros. En los 90, siempre estábamos juntos, lo hacíamos todo juntos, lo compartíamos todo y decíamos: yo, yo, yo.

La problemática actual entre individualismo y formación grupal es un antagonismo. El antagonismo de la irresistible tendencia a formar una comunidad y, al mismo tiempo, la constante resistencia que amenaza a esta comunidad.

El cambio de las coreografías colectivas a los solos y de los solos a las colectivas desarrolladas a partir de solos parece avanzar en paralelo a algunas teorías postmodernas que aducen que hemos alcanzado un punto en el que estamos intuyendo el final de los movimientos de tipo colectivo. Las razones para ello radicarían en el hecho de que se asocian los movimientos colectivos a problemáticas de la modernidad y que se está atomizando al hombre.

Estamos descubriendo a partir de fuentes diferentes (entre las que Internet sería sólo una fuente más) que nuestro mundo se encuentra cada vez más descentralizado. Nos enfrentamos a públicos que, de hecho, están muy fragmentados. Les encontramos a menudo en sus salones, nos dejan entrever sus espacios privados; se trata de espectadores individuales con cámara web, ordenador portátil, cascos, teléfono móvil… Ya no les tenemos formando un colectivo, y, a mi entender, una de las más interesantes e importantes cuestiones es la de entender este cambio que se produce entre el final del siglo XX y el principio del XXI, y con el que se originan un sinfín de fenómenos colectivos que son experimentados de maneras muy distintas. Una coreografía colectiva sería ahora una coreografía de individuos que disponen de su propio espacio y tiempo, pero, a su vez, en relación al colectivo; este colectivo, asimismo, dispondría también de su espacio y de su tiempo.

Ámsterdam, 12 de abril de 2010

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