“Culturas de Calle”

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Texto introductorio para el Grupo de Trabajo “Culturas de Calle” por Jordi Claramonte

Jordi Claramonte es el iniciador y moderador de este Grupo de Trabajo. Es profesor de Estéticas Contemporáneas en la Facultad de Filosofía de la UNED.

Nadie sabe a ciencia cierta dónde nació y tampoco parece importar gran cosa. Lo que sí es seguro es que, cuando salió de los bosques de fresnos y tejos de Gales, había crecido hasta alcanzar una respetable altura de 1,80 mtrs, un par de palmos más alto que la mayoría de los hombres de su tiempo. Hecho con la madera de los bosques de los que venía,  extremadamente fuerte y flexible, en determinadas circunstancias era capaz de lanzar hasta 10 flechas por minuto a unos 300 mtrs de distancia. Claro que para ello tenía que acoplarse con el cuerpo de un hombre que, en cierto modo, debía haber crecido y desarrollado sus músculos y tendones  de acuerdo con él, ya entonces conocido como longbow o arco largo. No se trataba de que los hombres que se acoplaban con este arco fueran más fuertes en un sentido general: tenían que ser fuertes en el sentido específico que el arco suponía. Estos hombres crecían desde niños vinculados a sus arcos largos, cuyas líneas y tensiones definirían y construirían sus cuerpos, tanto como sus cuerpos definirían y construirían el arco mismo. Los esqueletos de los arqueros de tiro largo eran reconocibles por sus deformidades, con los brazos izquierdos agrandados, y a menudo la descalcificación de los huesos de las muñecas izquierdas, los hombros izquierdos y los dedos derechos.

Pero niños, hombres y arcos, obviamente, no brotaban espontáneamente en el campo: formaban comunidades cohesionadas y fortalecidas, entre otras cosas, por su capacidad bélica, por la constitución modal que juntando paisaje, cuerpos y arcos generaba una máquina de guerra capaz de desafiar y derrotar a la caballería pesada francesa, armada con corazas y caballos de batalla, cuyos costes superaban los necesarios para mantener viva toda una comunidad campesina durante varios años.

Si el arco largo suponía un tipo de comunidad y un orden de crecimiento y constitución corporal, podríamos decir entonces que en términos modales,  implicaba toda una forma mucho más horizontal y distribuida de entender la guerra y las relaciones políticas. Mucho más al menos que la de sus contrincantes en la Guerra de los Cien Años, los nobles franceses encastillados en relaciones feudales verticales que tendían a desposeer de poder político y bélico a sus vasallos, para concentrar toda la riqueza y toda la potencia bélica en sus cuerpos acorazados, carísimos y sofisticados hasta decir basta. Potentes en la medida en que concentraban riqueza expoliada, pero frágiles ante una flecha lanzada por un campesino criado desde niño en otro modo de relación… Quizá la Guerra de los Cien Años sea una de las ocasiones en que el modelo bazar se ha enfrentado al modelo catedral con consecuencias más devastadoras.

Las comunidades de arqueros galeses se constituyeron como tales al compartir un procomún específico, un procomún bélico que era a la vez un paisaje determinado, una tecnología, una fisiología, y una economía política.

Una primera hipótesis que no parece demasiado arriesgado sostener –después de los ríos de tinta deleuziana vertidos entorno a la noción de agenciamiento- es pues la de esta coimplicación modal entre tecnologías, cuerpos y constituciones políticas. Obviamente y por lo demás, el caso de los arqueros ingleses no es –en absoluto- una excepción: desde los hoplitas griegos o los honderos baleares a los piqueros suizos, parece claro que los procomunes bélicos han podido ser una forma de potenciar la especifidad y la autonomía –sobre todo- de las comunidades construidas en torno al hecho básico y definicional de compartir ese procomún y ser por él conformadas.

Al pensar las culturas de calle, pensaremos en la construcción de cuerpos sociales y políticos, todos nuestros pensamientos al respecto priorizarán la comunidad y la autonomía o no valdrán nada.

CV Jordi Claramonte

Nací y me crie en Vila-real, un pueblo absurdo como pocos de la provincia de Castellón. Estudié Filosofía en la UNED y Electricidad en una Escuela Taller para fracasados escolares. La electricidad no se me da mal.

A la vez que empezaba la Larga Marcha del doctorado di en aquello de la “insumisión” lo cual tuvo la virtualidad de dejarme fuera del juego académico durante bastantes años y de acercarme a la vez a terrenos de experimentación donde lo artístico y lo político profundamente articulado coincidían de lleno.

Con dos amigos organizamos “La Fiambrera Obrera”, un grupete que nos daría algo de guerra con los años y los achaques de una parte de la sociedad española que parecía, por aquel entonces, estar descubriendo las posibilidades de la especulación inmobiliaria en los cascos viejos de las ciudades. De esa época data la primera parte de los trabajos de la Fiambrera: www.sindominio.net/fiambrera

Luego vino la antiglobalización, las Agencias, un hijo, sccpp.org, otro hijo, yomango.org, la tesis y una cantidad difícilmente calculable de árboles.

En lo que a libros refiere en esos años colaboré en la edición de un Manual de la Guerrilla de la Comunicación (Virus,  2000) y coordiné la edición de “Modos de hacer: arte crítico, esfera pública y acción directa” (Universidad de Salamanca 2001) una colección de ensayos que trataban de abordar el estatuto de la agencialidad política contenida –en sus diferentes acepciones- dentro y fuera de las prácticas artísticas.

He traducido y editado “El arte como experiencia” de John Dewey y acabo de publicar “Lo que puede un cuerpo. Ensayos de estética modal, pornografía y militarismo”, un librito pequeño, peludo y suave que podéis descargar gratis de la web del CENDEAC.

Este año le toca el turno a “La república de los fines”, un libro sobre la idea de autonomía y las formas de echarla a perder.

Mi trabajo se centra en algo que he denominado Estética Modal y que se propone pensar mediaciones que  nos sirvan para pensar al mismo tiempo – y ahí está la gracia- la estructura formal de las más diversas prácticas artísticas y las formas de organización de la vida cotidiana y las relaciones personales en la que nos definimos.

Si tenéis tiempo y curiosidad –esos dos tesoros- podéis echarle una ojeada a jordiclaramonte.blogspot.com donde he ido subiendo alguna cosa tanto de mi tesis empeñada en explorar las potencialidades de la vieja idea de la “autonomía”  junto a otras investigaciones sobre estética modal, estéticas del fascismo,  y monstruos en general.

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